Testificar

Una cosa que me llama mucho la atención de George Müller —uno de los mayores héroes en mi vida y gran fuente de inspiración para confiar en mi Señor Jesucristo— es su decisión de llevar una vida de fe para mostrarle al mundo que Cristo era tan confiable en el siglo 19 como en el tiempo de su paso por la Tierra.

Desde que este año comenzó, he retomado mi antigua vida de oración porque su voz se me estaba ahogando entre los espinosos afanes de este mundo. Y yo sé claramente que Dios es el Único y lo único que me ha funcionado. Me dejé llevar tanto por mi trabajo (para nada, porque la recompensa terrenal ha sido muy poca) que las últimas veces que oí la voz de Dios con claridad fueron cuando Lis estaba embarazada de nuestro hijo Juan Pablo. En aquel entonces, Dios nos regaló la promesa de la semilla de mostaza, nos dijo que sería hombre y nos regaló su nombre, historias que serán motivo de un escrito posterior.

Volviendo a este año, arrepentido y ya sintiéndome seco, me volqué en oración a mi Dios y también le dije a Lis que empezáramos a orar conjuntamente y de manera consciente, no religiosa, por nuestras peticiones (no que antes hubiéramos dejado de orar juntos, sino que se nos estaba volviendo simple ritual y poca vida). El resultado es que, una vez más, comenzamos a ver espectaculares respuestas de Dios en todas las áreas, inclusive en las peticiones de mejoría de nuestra relación matrimonial, que mucho estábamos necesitando. Así que tomé la decisión de documentar las respuestas como forma de testificar que vale la pena confiar plenamente en Él y a Lis le pareció una idea maravillosa. Nuestra motivación es que Mostaza, el resto de la familia, los amigos y quienquiera que nos lea vean y crean que las palabras de Jesús son tan auténticas hoy como en el siglo 1 en Judea y en el siglo 19 en Bristol.

De modo que, en adelante, muchos escritos serán para revelar nuestra vida de fe. Nos hará necesariamente vulnerables, pero a mí eso no me disgusta. Estoy convencido de que, en un Primer Mundo que ofrece tantas comodidades, si uno no se pone voluntariamente en situación de necesidad delante de Dios, no puede ver su gracia. Como en el mundo, se termina convirtiendo uno mismo en su propio jireh, supliendo todo lo que le falta conforme a sus propias y muy escasas riquezas. Tal cosa a la larga no es más que una forma de idolatría, por supuesto. Idolatría del yo.

Nuestra oración y anhelo es que nuestro buen Dios en su gracia nos acompañe, nos fortalezca y edifique a muchos con nuestra vida de fe.

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